Desaprender a deshacerles caso y desenseñar a desaprender

Desaprender a deshacerles caso y desenseñar a desaprender

Desaprender a deshacerles caso, este era uno de los eslóganes al uso de muchos de los videos de las tiras de animación que se incluían en mi querida Bola de Cristal. También había otro muy bueno que era el de desenseñar a desaprender.

En los últimos días, un cúmulo de circunstancias se han alineado para empujarme a terminar este borrador de post que tenía en mi carpeta de barbecho. Tenía una idea clara sobre lo que quería escribir, con base en como la conducta, las normas y la sociedad, modifican nuestro instinto animal, natural o como quiera que le queramos denominar. Es curioso ver como evolucionamos, y proyectamos en los más pequeños que tememos a nuestro alrededor, nuestros miedos y anhelos en sus procesos de aprendizajes, resolución de problemas o inclusive como afrontamos cada uno de nosotros la resolución de conflictos.

Para mí, sin duda alguna, hubo un programa “infantil” que marco mis primeros años, allá por los albores de los años 80. Hace unas semanas me enteré del fallecimiento de Lolo Rico, creadora y directora del programa infantil más famoso de los últimos años de la movida madrileña. Me encantan las fabulas, mitos y leyendas alrededor de diferentes sucesos de nuestra cultura, y este en concreto es uno de ellos un programa, que estuvo sólo en emisión poco más de tres años, fue capaz de tener tantísimo calado en muchos movimientos culturales, artísticos y musicales que luego se desarrollaron en este país.

La triste noticia de la muerte de Lolo Rico, hizo añadir otra muesca a la recamara de lo que sería hoy este post, me hizo reflexionar y vinieron a mi mente múltiples sketches de aquella época. Como muestra, alguno de los que reza en el título de este post podéis encontrarlos a lo largo del artículo donde os dejo los videos originales.

Visualizando este y otros videos de la bola de cristal, siempre hay una conducta aparentemente irreverente y altiva de sus protagonistas, casi siempre protagonizados por gente menuda. Lo que hace que me pregunte si en mi día a día, estas mismas situaciones se repiten (con mucho menor dramatismo) al mismo nivel en mis relaciones personales y/o profesionales (esposa, hijos, jefe, compañeros, clientes, …). Creo que desde nuestra posición de padres o de jefes, muchas veces nos falta empatía con quien tenemos en frente de nosotros, y hace nos sintamos agredidos o retados en todo momento, ya que nuestro cerebro ha programado ya por nosotros una repuesta.

Cuando muchas veces nuestra predisposición a una respuesta, preprogramada en nuestra cabeza o al estimulo esperado por defecto, hace que cualquier pensamiento fuera de la caja, nos descoloque y muchas veces hasta nos incomode. Ante estas situaciones siempre intento aplicar un dicho que me encanta, sobre como manejar las relaciones sociales y la importancia de la amabilidad en nuestro día a día, “cada persona que ves está luchando una batalla de la que tú no sabes nada”. Así que como filosofía de vida intento aplicar la amabilidad y educación como principio vital.

Coincidiendo en el tiempo con la noticia de la muerte de Lolo Rico, terminaba de leer igualmente el libro, Pensamiento lateral de Edward de Bono. Donde repasa la programación que hacen de nuestras mentes los maestros en la escuela, para aprender a resolver los problemas clásicos de asignaturas como algebra o cálculo. Sin darnos cuenta de que el camino recorrido por esos niños en la escuela, lo único que hace es ir dirigiendo su estructura mental para conseguir orientar la misma al proceso e ir mermando nuestra capacidad imaginativa. Por eso, desde mi punto de vista, el pensamiento crítico y la capacidad de desarrollar un pensamiento lateral, es cada vez más importante en los tiempos que corren.

Este tipo de aproximaciones relacionadas con el pensamiento lateras, son una serie de habilidades muy extendidas en profesiones de carácter más artístico como son el marketing o la publicidad, pero por desgracia escasean en los perfiles más técnicos. Sin embargo, desde mi opinión, estas habilidades son cada vez más necesitadas para buscar soluciones alternativas, normalmente las cosas no sales como se esperan en proyecto, de repente un problema aparece y el fabricante de turno nos limita las posibilidades que su producto tienen hasta el momento. ¿Qué hacemos entonces nos aplazamos a la próxima versión de este?, normalmente muchas veces no podemos esperar a ese momento y llega el momento de trabajar en encontrar un workaround o camino alternativo para conseguir llegar en tiempo y forma.

Ese espíritu hacker tan de moda hoy en día, es el que más he echado yo en falta en mis últimos años de universidad y primeros años de carrera profesional. Ese espíritu que en los niños es innato y natural, y que, con el paso del tiempo, la sociedad y nuestro sistema educativo va mermando. Muestra de ello son las aproximaciones tan diferentes que tienen los niños a los problemas y como desde pequeño estamos condicionados por nuestra genética a enfocar las situaciones desde perspectivas muy diferentes. Y quien mejor que un hacker para recoger esta serie de vivencias, poniéndote el gorro de otra persona y analizando desde fuera esta visión, así que si no habéis leído este post del maligno, Mi Survivor thinking “outside the box”, os lo aconsejo, no tiene desperdicio.

En este sentido mismo contexto, días a tras llego a mi WhatsApp el video del maestro José Antonio Fernández Bravo, donde hablaba sobre todo lo que le enseñaron los niños es sus comienzos como maestro. Jose Antonio explicaba como el proceso de enseñara los más pequeños, muchas veces te de vuelve mucho más de lo que tu les puedas dar, y a todos los niveles, tanto humano como profesional, estar con estos proyectos de personas puede ser una de las experiencias vitales más gratificantes como ser humano.

Al igual que comentaba Chema Alonso en su post, intento pasar el mayor tiempo que puedo con mis hijos, siempre que el trabajo lo permite (aunque no puedo quejarme, ya que me considero un privilegiado). Desde que nacieron mis hijos cada vez estoy más convencido de que muchos de los gestores de personas que hay en las empresas, deberían por lo menos haber pasado la experiencia vital de ser madre o padre, es tan enriquecedora y te provee de tal capacidad de empatía, que creo que es un lujo que todo profesional no debería dejar pasar. Hace ya unos años recuerdo comentar con algún compañero, algún estudio que versaba sobre el perfil psicópata de muchos de los mandos intermedios y altos cargos de las compañías carecen. Creo que este tipo de comportamientos y actitudes, se reducirían si se hubiesen visto obligas a tener que cuidar de sus vástagos en los momentos mas tiernos de su infancia y que debería ser un paso obligatorio para poder seguir progresando en la cadena jerárquica de las empresas.

Así que os animo a que sigáis desaprendiendo, cultivéis vuestro espíritu crítico y asumáis que, en la vida, no hay una sola visión ni solución de las cosas, ya que hay tantas visiones como personas. Y recordar, lo único ineludible, de momento, es la muerte.

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