Nuestra huella digital, mucho más alargada de lo que podemos pensar

Nuestra huella digital, mucho más alargada de lo que podemos pensar

Con poco más de un año de diferencia, dos noticias sobre las aplicaciones seguimiento de nuestra actividad deportiva y los gadegts que utilizamos para tal propósito, han puesto de manifiesto la cantidad de semillas o miguitas de pan que vamos dejando de nuestro rastro en el mundo.

En este caso ambas noticias han sido conocidas por el impacto mediático que han tenido, la primera de ellas aun no siendo una fuga de información, si por la relevancia de los datos que afloraron a la luz, mientras que la segunda por como ayudó a resolver un crimen.

En el primero de los casos, hace ya más de un año se puso en evidencia los datos que se podían extrapolar de un perfil mu especifico de usuarios de Strava, pues si, la famosa aplicación de las copitas ponía de manifiesto las rutas y carreteras de muchas bases militares del gobierno de los estados unidos alrededor del mundo. Estas bases no eran visibles a través de Google Maps, pero la gran cantidad de rutas cargadas en Strava por los militares que se ejercitaban en las mismas ponía de manifiesto cuales eran los caminos o carreteras que utilizaban en sus entrenamientos dentro de la base.

Mientras que, en el segundo de ellos, conocido hace escasamente unas semanas, ponía de manifiesto como mediante un reloj con GPS el propio asesino había registrado el camino recorrido por él hasta la casa de una de las víctimas, todo sea para sumar kilómetros a tu perfil de actividad. Quien le iba a decir a Mark ‘Iceman’ Fellows que su afán por acumular kilómetros sería la pista definitiva para resolver un asesinato que había cometido tres años antes y que nadie había sido capaz de encontrar una prueba para incriminarle. Hasta que a finales del año pasado y relacionado a otro crimen donde si que habían sido capaz de grabarle por unas cámaras, puso de manifiesto que era usuario de este tipo de gadgets, capaz de aportar más luz al caso anterior que ya estaba cerrado.

Una vez se solicitó la reapertura de este, y la pertinente orden judicial para peritar su reloj GPS, los datos cantaron y pusieron de manifiesto que Mark había estado presente en el lugar del crimen a la misma hora en la que tuvo lugar la muerte de su víctima.

No es la primera vez, que un crimen de estas características se resuelve gracias a los datos que va dejando la tecnología en nuestro nombre. En un caso que nos toca por desgracia mucho más de cerca, el asesino de Diana Quer el rastreo que realizó la Guardia Civil fue clave para poder incriminar al asesino en la escena del crimen.

Así que antes de hacer nada que no debáis, pensar que haya donde vamos, dejamos un rastro de nuestra actividad. Al pagar con Apple Pay en una gasolinera, al logarnos en un servicio web desde la oficina, al instalar una aplicación nueva en el móvil y no revisar los permisos que la concedemos, al subir una foto al Instagram con los metadatos de nuestro móvil y ubicación, y así un largo etcétera.

Siento decirte que esto es sólo el principio, cada vez queda menos para los tan temidos trillizos Precog de Minority Report, en el momento que a algún estado se le ocurra coger los datos de las redes sociales, cámaras de tráfico, información de posicionamiento GPS, historial académico, archivo policial,… y volcarlo en un gigantesco data lake donde los algoritmos empiecen a trabajar, identificando tendencias, probabilidades de delitos, etc. El día que eso sucede, el verdadero Gran Hermano habrá llegado de verdad.

¿O no, y a lo mejor eso ya ha pasado en un lugar muy remoto del lejano oriente?

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